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este artículo con una muy interesante pregunta.
¿Por
qué a la hora de hacer un reclamo a las diversas situaciones que enfrenta el
país, los grupos dirigentes no se orientan en afectar directamente al gobierno
opresor?, pero cuando hablo de afectar me refiero directamente en el hacer
conocer al gobierno de forma racional el sufrimiento abrupto que está recibiendo
el panameño; pero tristemente en vez de llegar a un consenso, vemos como día a
día se ve afectado directamente el ciudadano, el hombre trabajador, el
individuo que agotado de sus horas de trabajo se encuentra con un tráfico desastroso
o se le cuarta la libertar de circular libremente?.
Haciendo
una revisión del entorno panameño, vemos
la congestión de problemas y situaciones que como a un embudo al gobierno se le
acumulan día a día: un sistema educativo
con carencias, una canasta básica en constante variación de precios, queja
sobre los salarios, el costo inconstante del combustible, y que tal vez por
ignorancia de algunos o por preocupación de otros en resolver aspectos de mayor relevancia de acuerdo a sus
intereses, vamos perdiendo la verdadera perspectiva de lo que significa
gobernar un país en democracia.
El
hombre panameño ha vivido un centenario a través del cual ha experimentado las
diversas corrientes de gobernar y ser gobernados, y es también a través del
tiempo en donde hemos aprendido a reconocer los aspectos que nos competen
directamente, y claro ejemplo de ello, fue la lucha llevada por los indígenas
del oriente chiricano en donde como un llamado a la ciudadanía y al gobierno se
exigía la derogación de una ley, que si bien es cierto, iba a incrementar la
economía de algunos cuantos, pero a su vez disminuiría la calidad de vida del
ciudadano y desequilibrio a la naturaleza.
Hoy
día vemos a un Panamá con anhelos del cumplimiento de tratados entre diversos
países, pero a su vez diferentes personalidades políticas luchando por ser los
encargados en cerrar el negocio del siglo; sin embargo, lo más triste es ver en
las noticias y en los periódicos que algunos de aquellos que dicen llamarse los
impulsadores se ven encerrados en diversos problemas de intereses personales y
de situaciones que dejan claro que a veces, la necesidad del pueblo queda en
segundo lugar.
Tenemos
universidades, los cuales suelen ser llamadas entes de ejemplo de la Educación
Superior panameña, con prácticas políticas internas, cual monarquía, apoyados
por algunos cuantos que efectivamente están en busca de intereses y beneficios
propios, pero en vez de politizar la educación, porqué no hacer una revisión
general de nuestra situación académica; claro, es mejor no encontrarnos con un
país que enfrenta una situación muy
particular y difícil; cuya realidad en los niveles de primaria, media y
secundaria, es una educación con pilares que están día a días resquebrajándose
y un sector empresarial que pide a gritos una mejora en general e instantánea.
El
sector empresarial y el sector gubernamental hoy se ven forzados a buscar
profesionales de otros países por la carencia de especialistas en áreas
específicas o por el panameño no cumplir con las competencias necesarias para
desarrollarse en un cargo gubernamental o empresarial de la manera exigida. Lo irónico sucede cuando vemos que nosotros
mismos infringimos las leyes o disminuimos la vara para medir o seleccionar a
una persona, cuando la realidad y la práctica nos dice que es necesario poner
por encima las necesidades del pueblo y que se cumplan los servicios como Dios
manda.
No
trato de acusar directamente al gobierno ni a persona alguna, trato a través de
este artículo crear conciencia en los panameños sobre la importancia que
conlleva ser ciudadano. Ser ciudadano no
simplemente consiste en residir en un país, participar de los comicios
electorales, aportar económicamente al país a través del pago de impuestos, no
cometer infracciones, ser ciudadano es mucho más.
Un
ciudadano tiene derechos que hacer cumplir y deberes que ejecutar en su
entorno, pero debemos analizar claramente como seres que somos, hasta dónde
llega la línea que permita al individuo ejercer ambos aspectos sin hacer daño a
otros.
Como
panameños debemos comprometernos en profundizar y conocer todos los aspectos
que involucran el vivir en sociedad, muchas veces hacemos daño a otros
ciudadanos con posibilidades y conocimientos distintos a otros individuos, y
todo esto por querer hacer cumplir
nuestros propios intereses antes que los intereses de la sociedad.
Como
bien indicó Platón: “El objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse
en un buen ciudadano”; sin embargo, desvirtuamos el verdadero fin, pues al
pasar de los años nos convertimos en seres individualista y cada vez más
ambiciosos, hasta el punto de llegar a ser personas ajenas a quienes nos rodean.
La ambición podría
verse desde dos perspectivas y también ser utilizadas a nuestro favor o contra;
sin embargo, nuestro fin común debe ser trabajar en la mejora, en tratar de ser
mejores personas, en respetar los derechos de los demás, en conocer nuestros
límites y en ser más humanos.
Los gobernantes al
momento de encontrarse en la cúspide deben recordar que están gobernando a un
pueblo, que visto desde el punto individual es un grupo con deberes, derechos y
con situaciones que, de una manera u otra, dificultan que sus necesidades sean cubiertas y cumplidas a cabalidad. Debemos centrarnos a meditar y exigir con coherencia
el cumplimiento de una vida, una
sociedad y un país totalmente democrático y equitativo, sin ver el beneficio de
los demás en juego.
Todo esto pasará a
ser de mayor relevancia, cuando dejemos en niveles inferiores los intereses
individuales y personales, cuando reconozcamos que el desarrollo humano no sólo
es una cuestión de cifras, sino que también involucra la calidad con la cual ingresa
un ciudadano al mundo laboral, cuando nos demos cuenta que es necesario ser
equitativo y que la educación bien utilizada al favor del pueblo nos lleva a
una total libertad, una libertad que será agradecida por nuestras presentes y
futuras generaciones.
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